
¿Porqué elegí el camino del arte?
- Kmii

- 25 feb 2023
- 10 Min. de lectura
¡Hola a todos! No saben lo emocionada que estoy de escribir mi primer blog. Y es que siempre he tenido esta pequeña pasión por escribir; además, estoy segura que algunas de mis vivencias pueden ser de utilidad para alguna personita de este basto mundo, (o quizá simplemente se reduzca a pasar un buen rato con mi loca y no tan loca vida).
Mi intensión con estos blogs es poder dar forma a todas mis ideas, compartir información valiosa y ser lo más sincera posible. No tengo mucha experiencia escribiendo blogs en específico, pero es algo que siempre a llamado mi atención y he querido hacer, así que aquí estamos :)
En esta ocasión hablaremos un poco sobre mi historia personal. Por lo general pienso hablar de temas muy variados como música, arte, salud mental, vida, filosofía, literatura, ciencia y un sin fin de temas que han llamado mi atención a lo largo de este camino, pero en esta ocasión será un pequeño vistazo a mi historia. En ocasiones haré tutoriales con información que pueda ser de utilidad para alguien que lo necesite, sin más que decir, comencemos :)
Para empezar, soy una persona muy muuuuy emocional. De hecho, mi rasgo más notorio de personalidad se reduce en tres siglas. PAS (persona altamente sensible).
Si me lo preguntan, tampoco tenía idea que ese rasgo de la personalidad existía hasta que cumplí 22 años. Solo llevo 2 años siendo plenamente consiente de este "pequeño" gran detalle. Siempre fui la niña más vivaz, entusiasta y alegre, pero también la más llorona, miedosa y tímida. Mis emociones brotaban a flor de piel en cada aspecto de mi vida. Y esa sensación de sentir las cosas más que la mayoría me acompañó por mucho tiempo. Era común escuchar a mis maestros decirme que era muy sensible, de hecho, en la escuela no siempre lograba encajar, pero mis amigos que vivían cerca de mi casa sabían que, si venían a jugar conmigo, sería la hora de imaginar y vivir una nueva aventura. Sí, estar en las nubes era mi especialidad, (y lo sigue siendo). Era una máquina voraz para inventar historias de todo tipo y convertirlas en un juego. Y es esa parte tan intensa dentro de mí, lo que me llevó a ser lo que soy ahora...
Para ser sincera, siempre he tenido problemas al escoger un solo tipo de arte. Recuerdo que mi primer encuentro con este mundo fue desde muy pequeña. El dibujo me ha acompañado desde que tengo memoria; y por alguna razón, en mi entorno siempre lo recalcaban. En primer grado, la maestra (una de las mejores maestras que he tenido) nos regaló una carta a cada niño al finalizar el año. En ella enfatizó varias cosas que en su momento no comprendía bien. Me dijo que tenía una gran habilidad para el dibujo (pues me había visto dibujar todo el año) y que debía hacer crecer este don. Mi primera profesora fue mi primer aliento, y yo no era realmente consiente de ello.
Guardé su carta en un álbum de fotos antiguo, así que espero compartirlo aquí también. Me pregunto si podré verla algún día de nuevo y agradecerle.
Desde ese entonces, a todas las escuelas que asistía resaltaba por esa habilidad, al contrario de mis notas convencionales, pues en realidad nunca resalté por tener las mejores notas del salón como mi hermano mayor, pero eso es otra historia.
Cuando habían concursos de arte, los maestros me escogían para representar a mi escuela. Con lo nerviosa que me ponía no siempre me fue fácil, pero ahora que veo hacia atrás, simplemente me alegra ver la dedicación que le ponía a lo que en verdad me gustaba. Logré ganar un par de concursos y eso me sorprendió enormemente.
Mis papás también se percataron de esa característica en mí, por lo que desde muy pequeña ya era llamada "la niña artista" por mi familia más cercana. Yo sinceramente no tenía idea de lo que realmente significaba, pues mi mente estaba concentrada en hacer realidad mis más grandes fantasías, y si el dibujo era una manera de lograr que eso pase, pues me dediqué a practicarlo. Es por eso que el dibujo está tan conectado con la parte más profunda de mi ser y de mi niña interior...
Cuando ya aprendí a leer y escribir, comencé a conocer el maravilloso mundo de la literatura. Y es que lo tenía todo! Podía vivir todas esas aventuras una y otra vez a través de un papel y un lápiz. Podías dibujar las cosas como las imaginaba y podías darle vida a cualquier cosa que cruzara por mi mente. El dibujo y la escritura eran la combinación perfecta. Me hacían sentir como cuando jugaba en el mundo real. Como cuando inventaba todas esas historias para que mi mejor amiga de la infancia y yo las jugáramos. Vivir aventuras por medio de la imaginación era todo lo que quería hacer en el día, no importaba si tenía que jugar todo el día.
Por otro lado, la música estuvo siempre muy presente en mi vida. Quizá no el tipo de música que terminó siendo mi pasión, como la música clásica, el film scoring, el rock alternativo, etc, pero mi mamá siempre me inculcó el amor por la música; después de todo, crecí escuchando mayoritariamente música pop de los 70´s, 80´s y 90´s, ya que, mi mamá era muy joven en ese entonces. En mi ciudad hay una radio muy famosa llamada radio "la bruja", la cual transmitía mayoritariamente el repertorio que le gustaba (y le sigue gustando) a mi mamá, por lo que la música estuvo en mi vida desde muy muy temprano.
En mis primeros recuerdos, aprendí a cantar las canciones que más me gustaban de ese repertorio. Había música, baladas, rock y pop muy icónico, tanto en inglés como en español, y aunque no necesariamente sabía hablar inglés desde tan pequeña, sin duda eso me ayudó a dominar el idioma años después.
Soy la hija del medio y tengo dos hermanos, uno mayor y otro menor, por lo que mientras mi hermano mayor me molestaba como cualquier hermano mayor, el pequeño copiaba todo lo que hacía jaja. Sin duda me llevaba muy bien con mis hermanos, y hoy por hoy puedo decir que soy sumamente afortunada de tenerlos a los dos. Admiro mucho en las personas que se están convirtiendo y no podría estar más orgullosa, pero volviendo al hilo del asunto jeje.
Recuerdo que a mis papás les encantaba escucharme cantar y aprendí a cantar desde muy pequeña sin darme cuenta. Mi hermano mayor fue el primero en percatarse que tenía una voz sumamente aguda, y aunque en ese entonces no sabía, mi timbre de voz era algo inusual, por lo que al hablar, incluso con una voz tan leve, llamaba la atención, y con lo tímida que era, no quería ser escuchada, no porque no me gustara, sino porque esa sensibilidad de la que hablamos al principio, me obligaba a ser muy tímida, y tenía miedo de mostrar ese gusto que tenía al cantar... El canto era algo muy íntimo que no se lo compartía a cualquier persona, mucho menos a otros niños, pero cuando estaba con adultos me sentía un poco más confiada, ya que de alguna forma realmente les gustaba escucharme cantar. Mis tíos me pedían que cante la canción de la radio y, aunque pienso que es una exageración, decían que mi voz era muy angelical y tranquilizadora.
Sea como sea, esas experiencias me estaban formando sin que pudiera saberlo, hasta que un día, a los 8 años, algo en el piano que se encontraba en la sala de la casa de mi querido abuelito Nelson llamó sumamente mi atención... Los sonidos que transmitía cuando tocaba una de esas teclas blancas y negras eran muy parecidos a los que había escuchado en una canción que me gustaba. Todavía recuerdo que era la canción del famoso grupo "La Oreja de Van Gogh", y al sentir esa similitud, decidí sacar cada nota que escuchaba y tocarla en el piano de la misma manera. Quería tocar lo mismo que escuchaba. No tenía idea que estaba transcribiendo mi primera melodía de oído en el piano, y por ende, tampoco sabía que tenía un odio que los músicos llamamos "absoluto"... Claro que en esa época no tenia la guía de un maestro para mis dedos pudieran tocar las teclas de la forma más correcta, pero aún así, tocaba de la forma más intuitiva posible, y funcionaba...
Irónicamente no tenía ningún familiar cercano que supiera algo de música. Mi abuelito Nelson fue la única persona que tenía un poco de conocimiento musical. Le encantaban los pasillos ecuatorianos y, aunque no tan directamente, su influencia también me hacía sentir curiosidad por ese mundo, y aunque mi abuelito en realidad se dedicó a la ingeniería y fue de hecho, el rector de la Universidad Central del Ecuador (una de las mejores universidades de mi país y, en esa época, la mejor) también sentía gran conexión con la música y por eso tenía un piano en su casa. Tocaba pasillos en su guitarra... Lamentablemente nunca lo pude ver tocar, ya que enfermó cuando era pequeña y tiempo después murió antes de que descubriera mi conexión con la música...
Cuando finalicé mi primera transcripción en piano y se la mostré a mis padres, estaban realmente impresionados. De hecho, había impresionado tanto a mi familia que de inmediato comenzaron a discutir sobre mi futuro. Algo que sinceramente a mí no me importaba, después de todo era solo una niña. Lo primero que escuchaba era algo sobre un conservatorio nacional de música, sin embargo, lo primero que hicieron tras mudarnos, fue comprarme mi primer piano, un teclado electrónico de 5 octavas. Estaba tan feliz con ese regalo que muchas veces pasaba horas y horas sin darme cuenta sacando música o intentando tocar algo nuevo. Poco a poco descubría que el complemento perfecto de una buena historia era la música...
Aunque mis papás tenían la clara intensión de apoyarme en la música desde muy pequeña, la mudanza nos llevó bastante lejos de la ciudad, y el conservatorio del que hablaban estaba bastante lejos de mi nueva casa, además, pensando en mi itinerario de escuela, de cierta manera sintieron que someterme a una vida de estrés entre el colegio y el conservatorio sería algo que me impediría vivir mi niñez en su máximo esplendor, y de cierta manera, su decisión me ayudó a explorar mucho más el enfoque quería darle a la música... Pensaba que era un mundo muy pequeño, cuando en realidad era todo lo contrario... Existen muchísimas posibilidades dentro de ese mundo.
A los 14 años, mientras atravesaba una de las etapas más intensas de cualquier adolescente, un profesor de música que tocaba el violín entró a enseñar en mi escuela. No era cualquier profesor de música, era una persona realmente apasionada por ese arte, lo cual, pude percatarlo al instante. Recuerdo que siempre fui tímida en la escuela, pero el maestro me pareció tan sincero y apasionado que simplemente me acerqué y le comenté que me gustaría aprender un poco más que el resto, pues en la escuela aprendes lo básico de teoría musical, y lo que yo necesitaba era llevar al instrumento a otro nivel. Tocar un instrumento realmente.
Como era de esperarse, el maestro era una persona realmente amable y dedicada, y no tuvo ningún problema en ayudarme en lo que necesitara o hablar en los recesos sobre la música. Parecía que del grupo de 30 personas de mi salón, era la única en interesarme realmente en el tema. Mis compañeros y yo éramos mundos completamente diferentes. Mientras a ellos les interesaba salir de fiesta y conocer gente, a mi me interesaba aprender todo lo que pudiera sobre el arte. Con esto no quiero decir que era la típica persona que se cree diferente a los demás, de hecho siempre me esforcé por encajar, pero incluso las veces que trataba de seguir la corriente y ser parte de, el ambiente era sumamente pesado para mí, incluso llegando al punto de ser insoportable en ocasiones. Además, cuando me animé a asistir a algunas de sus fiestas, siempre pasaban cosas desagradables, como peleas o gente bebiendo de más. Esos ambientes eran todo lo contrario a lo que me agradaba, y no fue hasta la Universidad que lo entendí por completo.
Volviendo al tema, poco después tuve una prueba de fuego, la cual, consistía en hacer algo que por alguna razón siempre me avergonzaba hacer frente a personas de mi edad, quizá por inseguridad o miedo a ser juzgada, o quizá porque no quería mostrarme tan verdadera y vulnerable frente a personas que no me apreciaban en lo absoluto, es por eso que me costaba tanto cantar frente al público, pero cuando mi maestro me lo pidió, y con valor me decidí a hacerlo por el bien del aprendizaje, las cosas cambiaron por completo...
Mi curso no era precisamente el mejor de la escuela, ni el más amable ni el más unido. Había un grupo de niños que pensé que eran mis amigos, pero al volver en el tiempo y compararlos con la calidad de buenas personas que conocí más tarde en la Universidad, pude percatarme que fueron todo menos eso... amigos... (también pude conocer amigas de verdad en la escuela y estoy muy agradecida por ello, eran pocas pero reales).
Recuerdo que siempre tuve una voz mucho más aguda de lo normal. Siempre fue una de mis características más evidentes. Tenía una voz muy muy aguda y delicada, por lo que mis compañeros no tardaron en percatarlo, es por eso que no había día que trataran de remedar mi voz en son de burla, o me digan directamente que tenía una voz muy aguda... Me sentía intimidada, porque sabía que eso me hacía de cierta manera diferente a los demás... Quería pasar desapercibida mientras estuviera en ese curso, pero nunca me fue posible. Incluso comencé a cohibirme al hablar por esa razón. No sentía nada de bondad en la mayoría de chicos, fue ahí cuando me percaté lo crueles que pueden ser los niños...
A pesar de eso, finalmente lo conseguí, y mi maestro quedó realmente impresionado por la "dulzura" de mi voz. Lo digo con sus palabras porque fue uno de los momentos que más me animaron a seguir por ese camino.
Recuerdo que después de la clase, la cual había sido escuchada por todos mis compañeros quienes extrañamente se veían muy silenciosos, sin comentarios hirientes o burlas sutiles, el maestro se acercó y me dijo con una sonrisa en el rostro, "Imagina tener un hermoso carro de lujo en tu garaje, pero que nunca lo usas por miedo a que se ensucie o lo critiquen... ¿No piensas que sería un desperdicio de potencial...? pues, tu voz es ese carro..."
...
Tuve que parafrasear un poco sus palabras, pues no recuerdo exactamente las frases, pero el mensaje fue claro y conciso, y la analogía también... Por primera vez en la vida, me sentí con la suficiente confianza de poder compartir al mundo algo que me encantaba hacer sin pensar que estaba haciendo algo malo por "querer llamar la atención". Al parecer, que mi voz sea diferente no quería decir que fuera algo que debía ocultar. Sus palabras me impactaron tanto que incluso hoy en día cuando me siento insegura, su mensaje me anima a seguir. Le estoy sumamente agradecida a ese profesor por cruzarse en mi camino.
Y bueno, después me seguí esforzando hasta conseguir una beca en la mejor universidad de mi país, y eso me hizo trazar un norte que me ha ayudado a encontrar el camino que me llevará a la persona que en verdad quiero ser, pero siempre que recuerdo el pasado, ya sean momentos bellos u oscuros, estoy agradecida por todo lo que he aprendido hasta ahora. Incluso si he cometido errores, no me arrepiento de nada, pues venimos a este mundo a vivir la historia de nuestra vida, no ha arrancar páginas de ella, después de todo, las cosas bellas brillan más después de una tormenta :)
Quizá entre más en detalles sobre mi vida universitaria en otro blog, por ahora te agradezco por llegar hasta aquí; hasta este fragmento de mí ser transparente y vulnerable, pero sobre todo, humano.
Nos leemos la próxima.
Cami.


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